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La cerveza es la bebida más antigua y más extendida del planeta.
Sus orígenes se pierden en las brumas del tiempo coincidiendo con los de la Humanidad, por eso no se sabe con exactitud dónde nació, aunque se acepta generalmente que fue en Mesopotamia o Egipto.
Sin embargo, este dato no es demasiado importante, puesto que lo más probable es que la fermentación como fenómeno fuera descubierta de forma accidental en diferentes partes del mundo casi simultáneamente.
La primera evidencia de su producción se remonta a 5500 años en Asia, con los sumerios.
Quinientos años más tarde, entre los ríos Tigris y Éufrates, se encuentra una tabla asiria que no solo menciona explícitamente la cerveza sino también alude a la fábrica de cerveza artesanal.
Los maestros cerveceros babilonios utilizaban pan cocido de cebada germinada que desmenuzaba y le añadía agua para que la malta iniciara la fermentación alcohólica que acabaría convirtiéndose en cerveza. En ese periodo ya se elaboraban varios tipos de cervezas: negras, rubias, ámbar, fuertes, dulces y aromáticas.
Se utilizaban nombres diferentes para referirse a la cerveza elaborada con diferentes granos: Sikaru era la elaborada con cebada; y la Kurunnu, con espelta.
Al parecer, en el mercado de Babilonia, la ciudad más rica de la antigua Mesopotamia, era posible adquirir hasta veinte tipos de cervezas de calidad, aunque las más comunes eran cuatro: bi-se-bar, cerveza común de cebada; bi-gig, una cerveza negra normal; bi-gig-dug-ga, una cerveza oscura de elevada calidad; y la bi-kal, la mejor de todas.
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Aunque no se considera como uno de los mejores productores de cerveza en el mundo, todavía existen muchos tipos de cerveza en este contienente. A pesar del desconocimiento muchas de estas cervezas son bastante buenas. Tribus indígenas locales dan órigen a las cervezas Africanas, pero actualmente lo que predomina son las grandes fábricas de cerveza. En Africa de todos los países productores de cerveza, los más productivos se centran en Sudáfrica.
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