La Nou, nueva microcervecería SlowBeer en Tarragona

La Nou, nueva microcervecería SlowBeer en Tarragona

Xavier empezó a elaborar cerveza artesana gracias a la afición previa de su padre, Jesús Baduell. Del uso de los botes de malta preparada, ambos pasaron a la elaboración todo grano y, finalmente, tras hacer un curso con nosotros, decidieron comprar una Braumeister.

Microcervecería slowbeer de la marca de cerveza La NouLa progresiva profesionalización de sus elaboraciones caseras les hizo replantearse un cambio radical. Así, lo que hasta entonces había sido un hobby empezó a tomar forma y a convertirse en un proyecto empresarial. Xavier, honesto, admite que la crisis económica y la falta de trabajo también contribuyeron a su decisión de montar una microcervecería.

Ahora Xavier ya tiene su micro en marcha. La ha instalado en La Nou de Gaià, municipio de la provincia de Tarragona, en casa de su abuela. Por esa razón, los fermentados que elabora se acogen bajo el nombre de cervezas La Nou.

A continuación entrevistamos a Xavier y Jesús, que nos explicarán todas las trabas que se han encontrado en el proceso de apertura de su fábrica. Asimismo, veremos cómo tienen pensado tejer su red comercial y conoceremos los productos que elaboran. “Nos han dicho que una de nuestras cervezas, la belga, es de lo mejor que han probado nunca”, explican en La Nou.

 

Cerveza Artesana: Xavier y Jesús, ¿Cómo habéis arrancado los primeros meses de producción?

Xavier Baduell: Bien, empezamos a producir aproximadamente en abril, aunque las primeras producciones tuvieron pequeños problemas de DMS. Además, tampoco acabaron de ser exactamente lo que nosotros queríamos. Por esa razón, entre la fermentación y la maduración, las cervezas definitivas han estado listas hace un mes más o menos.

 

C.A: ¿Las primeras producciones, pues, fueron de prueba para llegar al producto final que queríais ofrecer?

X.B: Sí, exactamente. Cuando han estado como queríamos, las hemos empezado a vender.

 

C.A: ¿Cómo empezó esta aventura?

X.B: Hace años que hacemos cerveza a nivel casero. Empezamos con los kits y luego nos fuimos liando con la elaboración todo grano y después con la Braumeister 50.

Jesús Baduell: Exacto. El salto cualitativo tuvo lugar cuando nos pusimos en contacto con Cerveza Artesana. Nosotros elaborábamos con botes de malta preparada, pero nuestros amigos de Cervesa del Montseny nos convencieron de que nos pusiéramos a molturar grano y a elaborar cerveza a nivel “todo-grano”.

Entonces, sin embargo, empezaron otros problemas, como conseguir todas las materias primas que necesitas. Además, te empiezan a coger inquietudes y te pones a investigar. Así di con Cerveza Artesana. “¿Quiénes eran?”, me pregunté. Al final contacté con Daniel y con Nereo, y allí empezó nuestra relación con vosotros.

De mientras, mi hijo empezó a engancharse. Luego realizamos un curso con vosotros y, finalmente, decidimos intentarlo. Hay que decir que la crisis también ayudó…

 

C.A: ¿En qué sentido?

X.B: Yo no encontraba trabajo de lo que yo había estudiado: Administración y Dirección de Empresas, y un Máster en Dirección de Marketing.

J.B: Por eso le pedí un estudio de mercado que me convenciera. Pensaba que desistiría, y que preferiría ir a beber cerveza en lugar de dedicarse a ella. Sin embargo, me equivoqué. Me hizo el estudio, lo evaluamos y tomamos la decisión.

 

C.A: ¿Cuánto se tarda desde que se toma la decisión definitiva hasta que pones la microcervecería en marcha?

X.B: Nosotros hemos tardado dos años aproximadamente. Hay que tener en cuenta que queríamos montar la fábrica en casa de mis abuelos, y se tenía que rehabilitar todo.

Las obras, que nos dijeron que estarían listas en 3 meses, se alargaron un año y algo. Luego tuvimos problemas con Endesa, que tenían que cambiar un tramo de cable, por lo que empezamos a producir en abril de este año. Sin embargo, lo teníamos todo listo la semana después de Reyes.

J.B: Piensa que el primer documento entrado en el Ayuntamiento lleva fecha de 2013.

Y no te lo pierdas… El día que vino el operario de Endesa, o no era lo suficientemente hábil o tuvo un deliz, pero cruzó los cables y se estropearon el descalificador y el declorador. Cambió la fase, y en lugar de entrar a 220 entró a 380. Suerte que todo lo demás, como el equipo de frío, lo teníamos desconectado…

Ahora, por suerte, ya estamos en una fase en la que todo lo que nos pase será por culpa o incapacidad nuestra.

 

C.A: ¡Menuda odisea! Ahora que habéis superado estos obstáculos, ¿Creéis que la rehabilitación del local es lo más difícil a la hora de poner en marcha una micro?

J.B: Yo creo que lo más complicado de todo es la incerteza de cómo colocar el producto. Todo el proceso se complica, obviamente, pero son complicaciones que suceden por falta de hábito y porque no conoces a la administración.

X.B: Exacto, son complicaciones que no pasan sólo si quieres abrir una microcervecería. También suceden si quieres hacerte una casa o poner en marcha otro negocio. Así que yo diría que lo más difícil es el hecho de decir: “Me lío”, principalmente porque luego se sabe que vendrán problemas. Además, tú tienes un presupuesto, pero la inversión muchas veces es superior a la que calculabas.

J.B: Exacto, y después de todo, tienes un producto terminado que tienes que vender. Tiene que haber, por lo tanto, alguien que quiera comprar ese producto.

 

C.A: ¿Cómo se teje, entonces, una red comercial para que ese alguien quiera comprar las cervezas?

X.B: Mi idea, que quizá no es la misma que tenía al principio, es más bien desviarme del perfil urbano y céntrame en tiendas de consumo de proximidad, agrotiendas, bodegas, casales y establecimientos de pueblos cercanos. Hay más movimiento, incluso de gente urbana, que sube expresamente a comprar productos distintos.

J.B: Hemos observado que los sábados y los domingos, en la agrotienda de aquí de La Nou de Gaià, hay hasta coches aparcados en doble fila. Es un éxito. La gente de ciudad va a los pueblos a buscar aquél producto distinto.

X.B: La idea, a parte, también es que especialmente yo me encargue de la distribución. También intentaremos hacer una cartera de clientes para distribuir cerveza a domicilio. Si en un futuro no damos abasto, ya veremos si contratamos a alguien o a algún tipo de comercial.

J.B: El objetivo, de hecho, es ése. Que Xavier se pueda acabar ganando la vida en esto. Y estamos realmente esperanzados. Nosotros, y especialmente Xavier, nos llevamos una gran satisfacción el otro día, que fuimos a una pequeña feria de artesanía, en un pueblo muy cercano a Tarragona. Habían 7 u 8 paradas, y nosotros éramos los únicos que teníamos cerveza.

En una feria de esas condiciones, tiramos 80 litros de barril y vendimos 100 y pocas medianas. Numéricamente nos quedamos satisfechos, pero lo mejor fue la respuesta de la gente.

 

C.A: ¿Y cuál fue esa respuesta?

J.B: ¡Que eran excelentes! Nos lo dijeron tanto gente que prácticamente se estrenaba como personas un poco entendidas. De hecho, uno de los feriantes, el de la verdura ecológica, era amigo de Les Clandestines, unos productores de Tarragona que hace 10 años que hacen cerveza. Éste feriante, pues, nos dijo que una de nuestras cervezas, la belga, era de lo mejor que había probado nunca. 

La cerveza de trigo y la belga, en formato de 75cl

C.A: ¡Muchas felicidades por ese éxito! ¿Podríais hacernos una nota de cata de vuestras cervezas?

X.B: ¡Claro! La cerveza de trigo está entre lo que sería la Weissbier alemana y la Witbier belga. Tiene como ingredientes trigo crudo y malteado, a parte de la malta de cebada, con sus aromas derivados de la levadura a plátano y clavo de especie. El sabor es a grano y a cereal, con un toque de acidez que, aunque no era mi idea principal, la hace más fácil de beber. Creo también que ha quedado con un estándar correcto, con un 4,8º de alcohol y mucha espuma, que es densa y persistente.

La otra cerveza es una de abadía. Es típicamente belga, con un sabor muy fuerte a malta caramelizada y un color cobrizo, tirando a marrón. Es especiada, con tonos cítricos y dulces. Además, le añadimos azúcar de caña y regaliz. Éste último ingrediente le da un toque final de astringencia que evita que sea tan empalagosa como en un principio podrías esperar. Tiene 6,7% de grado alcohólico.

 

C.A: Lo corroboramos. No es empalagosa y tiene un sabor fuerte a malta caramelizada. Riquísima. Por cierto, ¿estáis trabajando en más creaciones?

X.B: Sí, estamos haciendo pruebas de una cerveza rubia, con toques de malta, poco lupulizada y fácil de beber. El objetivo es que sea una cerveza de presentación, una Blond Ale, de unos 5,2 grados de volumen alcohólico, y con aromas a marialuisa, con lúpulos suaves y no cítricos, más herbáceos, y con un toque a menta. La típica cerveza para ir a hacer el vermut: me la bebo fácilmente, me hace pasar la sed, y no me llena.

 

C.A: ¿Una cerveza para que la gente que no conoce en exceso el mundillo se inicie?

X.B: Exactamente. Por ejemplo, hay gente que se muestra reticente a probar nuestra belga porque ve que tiene mucha graduación alcohólica, a pesar de que yo les digo que no es muy fuerte de sabor y no se siente con mucho alcohol.

También hay gente que se muestra reticente con el color, y que prefiere una cerveza más clara. En cuanto a las cervezas de trigo, tienen su público, pero otros te dicen perfectamente que no.

La idea es, pues, hacer una cerveza suave, a ley de mercado, para que todos aquellos no tan familiarizados con el mundillo también puedan beber.

 

C.A: Hablando de hacer cervezas para aquellos no tan familiarizados… ¿Cómo está la situación de la cerveza artesana en Tarragona?

X.B: Tarragona es una ciudad poco dada a la experimentación y a todo lo que se salga de unos patrones estándar. No digo que sea imposible, por eso, pero se tiene que trabajar el producto, porque cuesta.

En un principio sospesamos la idea de montar un brewpub, pero visto el éxito que tienen ciertos bares y restaurantes, nos olvidamos de la idea. Tarragona es una ciudad de ir a hacer una caña en una terraza, no hay más.

J.B: Digamos que en Tarragona, si no tienes terraza, hay 7 u 8 meses al año que estás muerto. El local que vimos para el brewpub era espectacular, pero no tenía terraza. Montar La Sitgetana en Tarragona, si no tienes un buen apoyo económico detrás, sería complicado a día de hoy. No hay tanta gente ahora mismo que pueda ir a un sitio así. A nosotros nos corresponde, en parte, invertir esa tendencia. También hay que pensar que la generación actual es la cervecera, y que las generaciones anteriores hemos sido muy amantes del vino.

 

C.A: Vamos terminando. ¿Cómo invertiríais esa tendencia? Imaginaos que nunca hemos probado la cerveza artesana, y nos tenéis que convencer. ¿Qué nos diríais?  

X.B: Yo os diría que estáis ante un producto de mucha más calidad, que no tiene nada que ver con la cerveza industrial, o comercial, o como quieras llamarle. Además, el elaborador lo intenta hacer con productos de la zona, jugando en todo momento con lo que le ofrece el entorno. El cervecero artesano, asimismo, intenta controlar en todo momento el proceso, estando presente en él.

También os diría que actualmente se están haciendo muy buenas cervezas artesanas y que, si las probarais, luego os daríais cuenta de que no tienen nada que ver con las cervezas que habíais probado hasta entonces. No os diré que os engancharéis al 100%, pero vuestra percepción y valoración de la cerveza artesana  cambiará completamente. Todo eso no significará que en algún momento os pueda apetecer ir a hacer una caña en una terraza.

J.B: Yo os diría que la cerveza artesana es un producto en el que tenemos muy claro qué materias hemos usado, en unas proporciones que las cervezas comerciales no usan y que son infinitamente menores. También os diría que en este arte no se trabaja con extractos, ni estabilizantes ni conservantes de ninguna clase, aunque como contrapartida no podamos desplazar el producto o le afecten las grandes oscilaciones de temperatura.

De la misma forma que podemos asumir que nos gustan los refrescos de naranja, y que sabemos que una trina o una Fanta de naranja nos refrescará, nos dejará un chisporroteo en la boca y un cierto dulzor, no tenemos ninguna duda de que esos productos son diametralmente opuestos a un zumo de naranja recién exprimido. La comparativa es ésta. Le decimos cerveza pero también le llamamos vino, con todos los respetos, a Don Simón, y no tiene nada que ver con un Pago de Carraobejas o con un Priorat de excelencia. 

Fábrica de cerveza artesana de La Nou

Microcervecería de La Nou