La Revolución de las Cervezas Artesanas en los Estados Unidos

La Revolución de las Cervezas Artesanas en los Estados Unidos

Hoy recogemos una reflexión muy interesante que nos llega del otro lado del charco. Resulta que en Estados Unidos están alucinando con la buena salud que goza el sector de las microcervecerías. Para hacernos una idea, en los últimos diez años, se ha multiplicado por seis su número y el personal que trabaja en ellas, es decir, su fuerza laboral, ha aumentado en un 120%. Lo más increíble de todo es que el consumo de cerveza en Estados Unidos ha disminuido. En pocas palabras: menos consumo pero de más calidad.

Por extraño que parezca este fenómeno no es fruto del azar. Básicamente, según la publicación, la cerveza artesana en Estados Unidos tiene tanta fuerza gracias a que el sector no está monopolizado. Así, sin más. Aunque parezca mentira lo que han conseguido con la cerveza artesana, como no ocurre en otros países - como en el nuestro - es protegerla y blindarla ante las grandes multinacionales.

Este hecho diferencial, este blindaje, es algo que desde el Instituto de la Cerveza Artesana llevamos tiempo reclamando para nuestro sector cerverero artesano nacional. Y es que son varios los cerveceros artesanos de otros países de la Unión Europea que han sido capaces de protegerse de los grandes, como los franceses o los italianos. Y al fin y al cabo, hay que reconocer que son los consumidores los que que poco a poco, han dado valor y han apreciado más los productos elaborados tradicionalmente frente a los producidos por oligarquía de la indústria.

Además, recoge la reflexión, los precios de la cerveza en ese país han crecido en un 50%. O lo que es lo mismo, los estadounidenses beben menos, con menor frecuencia pero pagan más por un producto de calidad superior. Mientras tanto, las grandes cervezas están experimentando un descenso drástico en su consumo, al igual que sus productores.

En contraposición, el sector de la cerveza artesana norteamericana parece ser una fuente de nuevos empleos y de establecimientos y algunos expertos ya lo han bautizado como la revolución de las cervezas artesanas. Una revolución que ha sido motivada, básicamente, por dos cosas: la demanda del mercado y tal y como se ha comentado anteriormente la legislación que ha protegido el sector.

El mercado ha abrazado las cervezas artesanas gracias a tres aspectos: los gustos del consumidor de un sabor más intenso, la capacidad de ofrecer múltiples variedades y un apoyo claro de los negocios locales que han apostado por marcas no industriales. Y es que las cervecerías artesanas se han centrado en gustos que estaban infrarrepresentados en el mercado cervecero tan hiperconcentrado.

A nivel regulatorio, los Estados Unidos han vivido en una constante montaña rusa, pero finalmente han sido capaces de hacer florecer la innovación. Después de la Ley Seca, durante la que muchos se enriquecieron, se buscó destruir sus monopolios verticales para promover la bebida segura y eso creó “el sistema de los tres niveles”: Productores, distribuidores y minoristas. Esta regla hizo que la industria alcohólica fuera ineficiente y, así, dificultar la monopolización ya que depender de intermediarios independientes restringe el alcance y el poder de los gigantes.

Otras leyes también limitaban a las grandes empresas como la que imposibilitaba ofrecer “regalos” a los minoristas o comprar espacios en los estantes de las tiendas. En conjunto, estas reglas estaban diseñadas para limitar el poder político y económico de las empresas alcohólicas más grandes y a la vez crear espacio amplio para las nuevas empresas en el sector.  Sin embargo con Ronald Reagan, todo cambió. El Departamento de Justicia suavizó su aplicación de leyes antimonopolio. Y mediante una larga cola de fusiones a lo largo de los últimos 30 años, 48 cervecerías grandes se unieron para formar dos titanes, dos supercervecerías: Anheuser-Busch InBev y MillerCoors.

Pero incluso y a medida que la aplicación de leyes federales antimonopolio se ha ido debilitado durante los últimos 30 años, favoreciendo a los conglomerados, una tendencia ha creado las condiciones ideales para la revolución en cervezas artesanas. En 1978 el Congreso de los Estados Unidos aprobó una resolución que legalizó a los homebrewers, cosa que desencadenó una generación de cerveceros que experimentaron con sabores mucho más complejos que los que reinaron durante décadas.

E
n tiempos más recientes, muchos estados han hecho excepciones, no exentos de polémica, para que las microcervecerías artesanas puedan vender la cerveza directamente a los consumidores en los bares. Estrictamente hablando, crean una excepción al querido sistema de los tres niveles de manera que les da una ventaja a las cervecerías más pequeñas.

El movimiento de las cervezas artesanales es una excepción de esa regla y debería ser un modelo para el país norteamericano, cuna del liberalismo en el que las grandes multinacionales controlan toda la economía. Y también debería ser un modelo a seguir en países como el nuestro.

El problema de España:

Si se repasa la legislación vigente que estipula y regula la fabricación y la calidad de la cerveza en España, se puede llegar a la conclusión que el sector artesano está totalmente desprotegido frente a las grandes corporaciones. Parece ser que una vez más, el objetivo de dicha legislación es el de confundir al consumidor.

El Real Decreto 678/2016 se aprobó para establecer la norma de calidad de la cerveza y de las bebidas de malta y fue presentado y redactado por la actual Vicepresidenta del Gobierno y Ministra de la Presidencia y para las Administraciones Territoriales, Soraya Sáenz de Santamaría y firmado por el Rey Felipe VI. Sin embargo, si se estudia el texto se pueden vislumbrar varias incongruencias.

Para hacernos una idea, vemos puntos en los que se detalla con compromiso y de una forma muy precisa, la elaboración y los ingredientes de una clara de cerveza. De lo contrario, cuando se refiere a cerveza artesana diluye al máximo su significado, argumentando obviedades.

Consideran que su elaboración tiene que ser “mediante un proceso que se desarrolle de forma completa en la misma instalación”. El problema no está en lo que dice sino en lo que no. Muchos cerveceros utilizan siropes producidos en otros lugares para acelerar y abaratar costes de producción.

El objetivo de este Real Decreto es establecer la normativa básica de calidad para la elaboración y comercialización de la cerveza y de las bebidas de malta, pero nada más lejos de la realidad. El texto también habla de personal que “constituye un factor predominante”.

El Decreto también contempla que este personal esté “bajo la dirección de un maestro cervecero o artesano con experiencia demostrable”. Lo que no especifica es quién y cómo se demuestra dicha experiencia.

Y este pobre maestro cervecero además, tendrá que elaborar la cerveza para ser considerada artesana, “primando en su fabricación el factor humano sobre el mecánico”. Tal vez se alguien cree que en las fábricas de cerveza industrial no trabaja nadie.

Además, consideran que se tiene que obtener “un resultado final individualizado, que no se produzca en grandes series”. Lo que deja en aire, eso sí, es determinar qué se considera como una gran serie…

Lo mejor de este Real Decreto, para acabar de liarla y de confundir aún más al consumidor, concluye diciendo que todo lo mencionado se aplicará “siempre y cuando se cumpla la legislación que le sea aplicable en materia de artesanía”. Cabe recordar al lector que la legislación de artesanía es competencia de cada comunidad autónoma.

En definitiva, sin una ley que proteja de una forma clara al sector de la cerveza artesana, no se podrá avanzar y es que actualmente, y según los datos proporcionados por una asociación de cerveceros españoles que incluye a los industriales, de todos los litros de cerveza que se han producido a lo largo del último año, sólo el 1% puede considerarse artesano. Mientras que en Estados Unidos, ojo al dato, se supera el 20%.