Las aventuras de un homebrewer novato (5)

Las aventuras de un homebrewer novato (5)

A todo grano

Hace una semana que embotellé mi primera producción a partir de extracto de malta. Ahora voy a elaborar sin red. Como los homebrewers mayores, voy a ir al grano -la expresión proviene de aquí, sin duda. Eso sí, después de la experiencia del embotellado y los beneficios que me reportó la presencia de un elaborador experto, decido llamar a Pau, mi mentor en todo este asunto -con red, no nos engañemos. El día que Pau me invitó a una de sus cervezas caseras dudo mucho que creyese que yo iba a hacer las mías algún día.

Al proponerle la elaboración, Pau dice que sí inmediatamente. Y un colega de barra, Alex, novato como yo, también se apunta. ¡Vamos a hacer una Indian Pale Ale! Con esa alegría: ¡IPA!. Yo no sabría ni donde encontrar la receta.

Llega una parte importante en la negociación vía wasap que hemos arrancado: la hora a la que vamos a empezar. Sé que Pau y sus colegas de la Abadía del Pedal -de monjes nada: les hacía gracia el nombre- suelen empezar sus elaboraciones a las seis y media de la mañana. Si yo me levanto a esa hora un sábado se me puede parar el corazón o cosas peores. Empiezo el regateo proponiendo las diez de la mañana.

-Podría ser a las 10?

-Es demasiado tarde…

-Las 8:30?

-Por mí perfecto.

Vale, me ha salido barato. Además, como no tengo molino, ni termómetro, ni termo...Pau traerá todo lo que falta. Pero al día siguiente me llega un wasap en el que mi querido mentor lamenta no poder venir. La tentación de olvidar todo el asunto es grande. Estoy a punto de wasapear al colega novato que nada, que se olvide del tema...Pero un momento, ¿Qué sería de la humanidad sin Amundsen, Armstrong o Indiana Jones? ¿Sin Galileo, Einstein o el profesor Bacterio? Decido tirar adelante. ¡Sin red otra vez! ¡Claro que sí!. Voy a casa de mi colega experto para que me deje su molino, el termómetro y me de los últimos consejos antes de iniciar mi salto al vacío.

Adaptar un berbiquí eléctrico al molinillo
es altamente recomendable.

He quedado con el colega novato a las 9:00. Me levanto media hora antes y repaso el proceso. Me doy cuenta que sin la nevera termo estamos perdidos. Es básico mantener la temperatura constante durante más de una hora. ¿Cómo voy a hacer eso con tan solo la cuba de maceración? El primer problema nace antes de empezar. El colega novato llega a las 9:30. Hay tiempo, no pasa nada. Llamo a un vecino y le pido su nevera de camping. Dice que vaya a su casa, que lleva un batín muy sexy. La típica broma de vecino cachondo. Mientras subo las escaleras, aparece en el rellano con su batín y no mentía. “¡Dios, tápate o me marcho! ¡Eres casi tan feo como yo!”. Tiene una nevera camping que se enchufa a la corriente o al encendedor del coche para mantener frías las cosas. Sus paredes son tan finas como las de nuestro macerador. Una nevera tan, tan práctica que sólo la han utilizado un par de veces en 10 años. Creo que me la deja con la esperanza de que no se la devuelva. Con el colega novato analizamos la idoneidad del artilugio y desechamos su utilización. Hablo con otro de mis colegas expertos: “Moja una toalla con agua caliente y te mantendrá el calor durante una hora”. Bah, con eso será suficiente.

Mientras hago todo esto, el colega novato ha empezado a moler a mano los cinco quilos de malta Pilsner que adquirí en Cerveza Artesana. A mano. La verdad es que yo quería moler todo el paquete con uno de los accesorios de la minipimer. Pero por suerte leí en algún manual que la malta no podía quedar hecha harina: tan solo se tiene que partir. Como sistemas alternativos al molino, el autor proponía poner la malta en una bolsa sellada y pasar por encima un amasador o un bate de béisbol. Nada, que el molino es casi imprescindible. Intentamos adaptar un destornillador eléctrico a la máquina para no tener que darle tanto al manubrio, pero nos falta la llave “allen” que encaja. Pues nada, a moler, que también tiene su encanto.

Moler con el dedo pulgar hacia arriba da suerte para que
salga buena cerveza. No, no, es broma.

Son las 11:00. A falta de la receta que tenía que traer mi colega, busco algo en internet. Mi intención, como he dicho, es hacer una Indian Pale Ale con first wort hopping, dry hop, hop standing, hop back, hip hop, hula hop y lindy hop. Aunque de entrada suena a broma, acabé haciendo alguna de estas cosas con el lúpulo. ¿Con qué tipo de lúpulo? Ni idea. Una parte me la había regalado un amigo que no recordaba el nombre, un resto que tenía en el congelador, y la otra debía haber perdido la etiqueta en algún momento del viaje. Son todo indicios de que hay que parar el desastre, pero ajenos al desánimo y a los indicios de catástrofe, ponemos la malta a macerar. Mmmmmmm…el aroma empieza a ser otro. No uso ambientador, pero si hubiese uno con aroma a fabricación de cerveza me lo compraba.

LUFNI: Lúpulo Ultracongelado en
Flor No Identificado. ¿Se puede ser más novato?

Ya tenemos toda la malta molida en el macerador

Usamos 10 litros de agua para 5 kilos de malta pilsner a 75º. Al meter el empaste en el cubo de filtrado (en nuestro caso es un contenedor de plástico con una rendija al fondo sobre la que se coloca un colador y un grifo), la temperatura baja. Añadimos agua hasta que la temperatura sube a 66º. Entonces le ponemos la tapa al macerador y lo cubrimos todo con una toalla empapada en agua muy caliente como me ha recomendado otro amigo. Ahora tenemos una hora y media para ir a tomarnos una cerveza. Deberíamos haber quedado para comprobar la temperatura cada cuarto de hora e ir añadiendo agua caliente para que no bajase, pero no, preferimos ir a tomarnos unas birras. Somos novatos e irresponsables.

Se suele recomendar tomar la temperatura del centro
del macerador


(continuará)

 

El comentario del experto: Novato, craso error no anular la elaboración. No se puede empezar sin receta ni sin un listado de todo lo que vas a hacer. La elaboración de cerveza tiene que ser relajada, con todos los detalles planeados y poco espacio para la improvisación. Además, empezar con una IPA no es que sea muy recomendable. Dar el primer paso con malta preparada fue un acierto. A partir de ahí tienes que ir creciendo como homebrewer lentamente.