Las aventuras del homebrewer (no tan) novato (7)

Las aventuras del homebrewer (no tan) novato (7)

Los 10 mandamientos del homebrewer

Mírala. Rubia. Sedosa. Aparece en escena y llena de luz la estancia. Como se mueve y se deja caer, generosa, seduciendo a mis compañeros de trabajo. Lástima que no tenga cuerpo alguno con el que rematar la expectación creada. Después de marear a mis colegas durante meses sobre mi nueva adicción a todo lo que rodea a la cerveza, les presento al fin mi primera creación. La sirvo en los vasos del comedor de la empresa advirtiendo que es mi primera vez y que pienso mejorar.

Bonita ha quedado, eso sí.

Su reacción positiva al catarla me sorprende. Uno debería empezar a beber cervezas buenas mucho después de empezar a hacerlas para no ser tan autoexigente. Pero la verdad es que he conseguido hacer cerveza. Con su CO2 al punto. Sus dos deditos de espumita. Con un toque de jerez que no sé de dónde ha salido. Con poco cuerpo, sí, pero mis colegas llevan toda la vida bebiendo fermentos carentes de él. Por tanto, prueba superada. Hacer una cerveza de malta preparada y que no salga contaminada al primer intento para mí ya es una victoria. Tampoco  esperaba que a la primera me saliese una Mikkeller.

Cuando prueban la segunda, la cosa cambia. Es la que he elaborado con grano. Su aspecto recuerda más al agua sucia que a los delicados colores de la cerveza. Digamos que he inventado el estilo IDA (Indian Dirty Ale) cuando mi intención era hacer una IPA, con su dry hopping y todo. Pero no. El grupo de cata al que pertenezco ya dio su dictamen cuando se la presente hace unos días:

-A que temperatura has fermentado.

-A unos 22 o 23 grados. Tenía el fermentador en el armario del pasillo.

-Pues parece que tiene un defecto parecido a una contaminación por haber fermentado a una temperatura demasiado elevada.

 

De mis primeros pasos he sacado importantes lecciones. Voy a resumirlas en 10 puntos. Los mandamientos que me autoimpongo a partir de ahora son:

1. No te pongas a elaborar sin un plan claro y detallado. Escríbelo en algún sitio con los tiempos estimados para cada proceso.

2. Desinfecta. Vuelve a desinfectar. Desinfecta otra vez.

3. El día que vayas a hacer cerveza no hagas nada más

4. Al homebrewer que madruga Ceres le ayuda. Calcula 2 o 3 horas para elaborar con malta preparada y no menos de 8 para grano.

5. La primera vez mejor que te acompañe un homebrewer con algo de experiencia. Elaborar con malta preparada un par de veces antes de pasar a grano también ayuda.

6. Repasa todos los utensilios que vas a necesitar. Haz una lista y repásala, tiene que estar todo: densímetro, termómetro, espátula, fermentador, macerador, olla, ingredientes...

7. Ya harás la siesta más tarde. Presta atención a la olla, mucha atención. Es fácil que sobresalga líquido, te apague el fuego y la producción se vaya al garete.

8. Es basico controlar la temperatura tanto en la maduración como en la fermentación. Mira la temperatura de diferentes sitios de tu casa donde puedas guardar el fermentador y las cervezas que vas a madurar. Elige un lugar fresco con temperatura continua.

El armario donde voy a fermentar a partir de ahora mantiene una media de 17 grados.
 

9. Mientras dura la fermentación, ve preparando todo lo necesario para embotellar. No lo dejes para el último día y limpia bien las botellas que vayas a utilizar, por ejemplo, en el lavavajillas.

10. Todos los anteriores mandamientos se resumen en uno: sé fiel a la receta y no te desvíes de ella ni un ápice. Ya llegará el Jazz. De momento, partitura, partitura y partitura. Ah, y desinfecta.