Las cervezas trapenses: la verdadera historia

Las cervezas trapenses: la verdadera historia

“Una cerveza fabricada con saber se toma con sabiduría”. Así definen a su producto las cervecerías trapenses de la Orden Cisterciense de la Estricta Observancia (OCSO), la orden monástica que engloba los 18 monasterios trapenses (abadías) existentes a día de hoy. De estas 18 abadías, solo 10 elaboran cerveza. De hecho, éstas son las únicas en todo el mundo que pueden producir cerveza trapense, y deben cumplir, además, unos criterios específicos muy estrictos. Ante la intención de varias cerveceras de intentar reproducir cerveza trapense, así como también para diferenciar sus productos de las conocidas cervezas de abadía, la OCSO ha tenido que diseñar un sello exclusivo para sus productos.

Cervezas trapenses: únicas y exclusivas

Para que una cerveza sea considerada trapense, la abadía donde se elabora tiene que cumplir un conjunto de reglas muy concretas. De no cumplirlas, su producto no será considerado trapense. Estas normas, de acuerdo con el sitio web de la orden, son las siguientes:

  • La cerveza debe elaborarse dentro de las paredes de una Abadía trapense, ya sea por los mismos monjes trapenses o bajo su responsabilidad. Lo mismo sucede con los otros productos elaborados por los monjes trapenses.
  • La cervecería tiene que depender del monasterio y la cultura de empresa tiene que inscribirse en el proyecto monástico.
  • Generar beneficios no es el objetivo de la cervecería. Una parte de las ganancias se destina a la subsistencia de los monjes y al mantenimiento del monasterio; el resto se destina a financiar obras caritativas y ayudar a las personas necesitadas.

Las 10 abadías que producen cerveza trapense

A día de hoy, sólo 10 cervezas a nivel mundial tienen el logotipo de la ATP (Asociación Internacional Trapense), la institución que congrega a los 18 monasterios de la OCSO. La más conocida de esta decena de cervezas es probablemente Chimay, pero también llevan el sello Achel, La Trappe, Orval, Rochefort, Westvleteren, Westmalle, Engelszell, Zundert y Spencer. La mayoría de ellas se ubican en Bélgica, aunque Spencer está en Estados Unidos, Engelszell en Austria y La Trappe y Zundert en Los Países Bajos.

Abadía de Westvleteren, en Bélgica  // Fotografía: GNU Free Documentation License

Como hemos dicho en el apartado interior, los ingresos se destinan a cubrir las necesidades de la comunidad y los gastos sociales. La Trappe, Chimay y Westmalle son las cerveceras más grandes; las tres producen más de 100.000 hl anuales y exportan a todos los rincones del mundo. Éstas son las que más probablemente puedan asignar parte de sus ganancias a servicios sociales. Abadías más pequeñas como la Westvleteren, en cambio, sólo producen para la manutención de los monjes y del monasterio en sí. Como curiosidad, las cervezas de Westvleteren sólo se pueden comprar a través de reserva telefónica y en la misma abadía.

La gran parte de cervecerías trapenses cuentan a día de hoy con un monje que supervisa a los trabajadores, mayoritariamente laicos. A parte de la cerveza que comercializan, también suelen fabricar una cerveza denominada Enkel o Blonde, de baja graduación alcohólica y destinada al consumo interno.

Cerveza trapense vs. Cerveza de abadía

Las cervezas trapenses son inimitables. El nombre “trapense” no hace referencia a un estilo de cerveza en concreto, sino al hecho de que se elabore entre las cuatro paredes de un monasterio de los cistercienses. De hecho, aunque las cervezas más conocidas sean la Dubbel, la Tripel y la Quadruppel, los monjes bien podrían elaborar cualquier estilo de cerveza, que seguirían teniendo el logotipo de denominación de origen y se seguirían denominando trapenses.

Orval, una de las cervezas trapenses

Así pues, ninguna otra cervecería que no sea una de las diez ya mencionadas puede elaborar cerveza trapense. Es frecuente, no obstante, que algunas cervecerías intenten imitar los estilos de cerveza asociados a los cistercienses. En ese caso, las cervezas se denominan “de abadía”.  

Mito o realidad: el origen de las cervezas trapenses  

De las cervezas trapenses se dice que sus recetas son milenarias. Sin embargo, la verdadera historia de los orígenes de las cervezas trapenses es que no hay verdadera historia. Sólo suposiciones.

Para empezar, de las actuales abadías, Rochefort es la única que estaba elaborando cerveza antes de 1836. Además, las recetas trapenses que han llegado a nuestros días son del siglo pasado. La Dubbel, por ejemplo, se creó en la abadía de Westmalle debido a un cambio de receta en su Brown Ale en 1926. La denominación Tripel, por su lado, nació en 1956 cuando esta misma abadía aplicó algunos cambios a la receta de su Strong Golden Ale.

De todas formas, los trapenses provienen de los cistercienses y, anteriormente, de los benedictinos, orden monástica de gran tradición histórica. La Iglesia solía monopolizar el conocimiento y la ciencia, por lo que siguiendo esta línea podría ser verdad que algunas recetas de cerveza fueran realmente antiguas. La orden benedictina y, por lo tanto, también los trapenses, siguen la regla de San Benito (480-547 d.C.), por la que “hay que vivir del trabajo de nuestras manos”. Su filosofía se basa en el trabajo manual para acercarse a Dios.

El origen de la elaboración de cerveza en los monasterios benedictinos y trapenses proviene de Monte Cassino, monasterio donde se alojaba San Benito, en el sur de Italia. Allí servían sólo vino a sus huéspedes, pero a medida que los benedictinos se fueron expandiendo por el Norte de Europa, también empezaron a producir cerveza. De hecho, en el s. VII el misionero San Columba, desde Irlanda, escribió que en el monasterio de Sankt Gall (cerca de Zurich) se elaboraban tres tipos de cerveza: una destinada a los monjes, una a los huéspedes y otra a los peregrinos. En este punto también se desvela el origen por el que en las abadías actuales se elabora la Blonde o la Enkel para el consumo interno.

Productos de La Trappe

A principios del milenio pasado fue cuando nació la orden cisterciense. La razón cabe buscarla en la desazón que sentían algunos benedictinos al ver cómo muchos de sus monasterios ya no se regían por la regla de San Benito. El nombre que adoptaron se debe a la ciudad donde situaron su sede, en Citeaux (Francia), así como a la abadía de su fundador (Roberto de Molesmes): la Abadía de Císter.

Más tarde, ya en s. XVII, el abad Rancé, que en ese momento estaba al mando de la abadía cisterciense de La Trappe, en Francia, aplicó una reforma en su monasterio de lo más severa. Otros monasterios siguieron su reforma, agrupándose en una tercera orden monástica, la de los trapenses. El germen de la hermandad, pues, se originó en Francia, pero a raíz de la Revolución Francesa y el anticlericalismo que vino con ella, los monjes tuvieron que partir hacia otro países, dando lugar a monasterios trapenses belgas y holandeses en el siglo XVIII y XIX.

Como acabamos de ver, pues, la orden de los trapenses tiene apenas cuatro siglos detrás, pero el monasterio actual más antiguo que  elabora cerveza es más reciente. De todas formas, es probable que las recetas se transmitieran de generación en generación de monjes, y que también se traspasaran de una hermandad a otra. Sin embargo, eso es solo una suposición, de modo que la verdadera historia de la antigüedad de las cervezas trapenses continúa siendo un misterio.

 

Bibliografía

http://www.chimay.com/es

http://www.trappist.be/

http://www.cervebel.es/

http://www.conespuma.com/