Moisès en el templo de la cerveza prometida

Moisès en el templo de la cerveza prometida

Hay quién dice que el nombre que nos ponen al nacer acaba por marcar nuestro destino. Está claro que si a un niño lo llamamos Moisès va a acabar regentando una cervecería: el 99% de la cerveza es agua y ya sabemos que el Moisés bíblico le debe buena parte de su fama a ese elemento. En septiembre Moisès Campdepadrós se puso al frente de The Drunk Monk junto a buena parte del antiguo equipo de la mejor cervecería del país*,  guiando al pueblo de sus cerveceros incondicionales al encuentro de la cerveza prometida.

Cinco meses atrás Moisès era uno más de los clientes del Drunk, uno de los más veteranos que había empezado a visitar los tiradores del Drunk 6 años atrás. Allí aprendió a apreciar la cerveza artesana de la mano de su creador, Sven Bosch, y casi todo lo que sabe sobre ella, que no es poco. Hablamos con él de sus primeros pasos al frente de este templo cervecero situado en Mataró y visitado por gente de todo el mundo.


Moisès, ante el aparato que empieza a pilotar

 

-Dices que todo empezó hace 6 años.

-Exacto. Un amigo me trajo hasta aquí y descubrí el mundo de la cerveza artesanal en general, y el mundo de la cerveza belga en concreto. Entonces lo ignoraba todo sobre la cerveza belga. Junto a Sven Bosch aprendí a quererla, pues es muy rica y tiene muchos sabores, matices y estilos. Es un mundo apasionante.

-De hecho, los belgas son los primeros que empezaron a elaborar cervezas extremas. En Alemania, la Ley de la Pureza les impidió seguir ese camino.

-Sí. Nosotros ofrecemos cervezas de temporada; para verano o para invierno. También hay algunas que contienen mostaza, pimienta, etc. Además, Sven empezó a traer algunas cervezas que no eran belgas, pues a medida que iba creciendo The Drunk Monk, también empezó a crecer todo lo que son las cerveceras del norte de Europa, de Noruega, Dinamarca, como Nøgne ø, Mikkeller, HaandBryggeriet,  o Lervig. Estas cerveceras reflejaban un poco la tradición de la cerveza belga, pero con una personalidad muy acentuada, haciendo realmente buenas cervezas.

-Entonces el Drunk Monk era un oasis en un desierto, ¿verdad?

Sí, pero cuando te gusta una cosa intentas encontrar cosas similares, al menos en mi caso. Pasa lo mismo con la comida, si te gusta un tipo de comida intentas buscar cosas que se parezcan y también empiezas a buscar cosas distintas. Al principio, cuando vine, la gran mayoría de veces solo pedía la Chimay Tripel; la cerveza del tirador que hay aquí de la Chimay Triplel realmente no es como la de la botella, está muy buena. En The Drunk Monk hay 15 tiradores, y el de esta cerveza es fijo.

Finalmente, un día Sven me dijo que había más cervezas triples, que tenía que probar otras cosas. Lo que hacía Sven siempre era educar; tiene este sentido docente y siempre contagia la pasión que siente por la cerveza. Sven enseña a la gente que hay muchas cosas a probar que están realmente bien, a parte de las que todo el mundo suele conocer. Precisamente, ahora mismo les comentaba a unos clientes que han acabado con todas las Westmalle Triple que había en la nevera, y que hay muchas triples más, como la Maredsous, la Slaampmutke, la Zonderik, o la Triple Klok que hoy tenemos pinchada de barril. Como yo al principio hay muchos que vienen y se quedan con un solo tipo de cerveza y siempre toman esa, entonces intentas aconsejar y animar a que prueben otras cosas similares.

-A lo largo de estos años te has ido formando en el mundo cervecero. Incluso tenías un blog.

Todo empezó por esta pasión contagiada. Empecé encontrándome una vez a la semana con el compañero que me trajo aquí a The Drunk Monk, para tomar una cerveza, mientras nuestros hijos entrenaban aquí cerca. Él fue quién me propuso hacer el blog donde, cada semana, probamos una cerveza diferente y compartimos nuestra experiencia.

A raíz de nuestra afición, también nuestros amigos empezaron a contagiarse. Por ejemplo, si yo hacía una cena en casa traía una cerveza que ellos no habían probado nunca. Un día vino una amiga que estaba en la comisión de fiestas de uno de los barrios de aquí de Mataró y, gracias a que las probó, empezamos a organizar catas a nivel amateur.

-¿Hasta entonces, a qué te habías dedicado?

Soy arquitecto y, de hecho, por las mañanas sigo estando en el despacho. Intento como puedo gestionar y combinar los dos oficios, trabajando mucho y durmiendo poco.

-¿Qué ha sido lo más difícil del relevo de Sven a ti?

Lo más difícil ha sido absorber de golpe todos los conceptos y conocimientos que Sven ha adquirido a lo largo de los años. Durante estos meses me ha venido mucho a la cabeza la imagen de una película: Vas en un avión, el piloto se desmaya, te dan los mandos y te dicen: "Ten, conduce". Todos estos conceptos nuevos de golpe me hicieron adelgazar diez quilos. Fueron horas y horas de dedicación; yo ya conocía muchas de las cervezas, pero la carta es extensa y seguían habiendo muchas cervezas que no había probado nunca. Tuve que buscar información en Internet y en otras fuentes para saber qué productos tenía, qué tipos y qué estilos. El hecho de que parte del equipo de The Drunk Monk siguiera ha facilitado mucho las cosas. Ah, y muchas llamadas de teléfono a Sven.

Berta y Jenny, dos pilares del Drunk

-El próximo jueves presentamos una cerveza artesana. ¿Cuándo llegaste hace 6 años te imaginabas que se empezarían a elaborar cervezas aquí?

Empecé descubriendo que había cerveceras aquí que empezaban a trabajar muy bien la cerveza. Sven empezó no sólo a salir de Bélgica e importar cervezas de Estados Unidos, Inglaterra y del Norte de Europa, sino que también empezó a cuidar, mimar e interesarse por los cerveceros de aquí que elaboraban buenos productos.

-Ahora te has propuesto presentar cada mes cervezas de aquí.

Esto es una de las primeras cosas que hablamos con Sven. Cuando comentamos el relevo, hablábamos de cómo sería BierCab y de cómo él creía que tenía que seguir siendo The Drunk Monk. La mayoría de la cerveza de la cervecería tenía que seguir siendo belga, pero también teníamos que seguir cuidado la cerveza hecha aquí.

-He visto que también estás iniciando una biblioteca cervecera que ya cuenta con la guía que han escrito Daniel Fermun y Ivó Castells, de Cerveza Artesana Homebrew.

-Sí, me gustaría crear una pequeña biblioteca. De esta forma, las personas que vengan aquí podrían consultar sus dudas. Yo no tengo el bagaje que tiene Sven, y tampoco lo sé absolutamente todo. Es lo que decíamos antes: coger toda la experiencia de Sven de golpe es imposible. Por eso intentamos compensarlo ofreciendo un rinconcito donde los cerveceros, o incluso yo, podamos consultar.

Un sábado cualquiera en el Drunk

Mientras hablamos fuera del local, van entrando y saliendo clientes. Son las diez de la noche. Uno de ellos lleva una chiquilla en brazos dormida y se para un momento para decirle a Moisès que esta noche ha aprendido mucho y que no va a olvidarlo. Moisès también ha heredado la pasión por inculcar el amor a la cerveza artesana.

-¿Continúa existiendo el peregrinaje que siempre ha caracterizado The Drunk Monk?

-Sí. Aquí acude gente de todas partes, hecho realmente bonito. Ayer mismo vinieron seis hombres de New Jersey. Vinieron y, al entrar, ya se hicieron una fotografía en la entrada. Además, cuando ya se iban, nos felicitaron; les gustó mucho tanto el local como las cervezas que ofrecemos.

-¿Acuden a The Drunk Monk cerveceros provenientes de toda España?

-Vienen menos. Supongo que ahora en Barcelona hay varias cervecerías bastante importantes. Aunque llega más peregrinaje proveniente de Cataluña, como Hospitalet, Sant Joan de les Abedesses, Cardedeu, Granollers o Vic, de vez en cuando llegan cerveceros de Valencia, por ejemplo.

-¿Dónde buscas nuevas cervezas?

-Uff! Es complicado, de todo un poco. Principalmente suelo escuchar el consejo de Sven, solemos hablar por teléfono y me aconseja sobre novedades y descubrimientos. También suelo escuchar el criterio de ciertos proveedores, o incluso los consejos de ciertos clientes. A parte de buscar en RateBeer y otros sitios parecidos.

-Detrás de la cerveza vas conociendo personas. En tu caso, ahora más que nunca. ¿Cómo valoras esa experiencia?

-Es una experiencia positiva. Aprendes mucho de todo el mundo, sea por el motivo que sea. Un día un cliente me pidió una Guinness, y yo le conteste que no la teníamos ni la tendríamos. Él, claro, se enfadó, pues le estaba haciendo un feo a su cerveza preferida. Yo a lo que me refería es que nosotros trabajamos con cerveza artesanal y no a que su cerveza preferida fuera una mala opción.

Gerard en acción

 

*Año tras año, ratebeer va confirmando The Drunk Monk en el número 1 de las cervecerías del Estado.